martes, 25 de diciembre de 2007

EL DOLOR DE SER - ensayo

desocupados, marginados, discriminados

Quiero plantear y profundizar en parte acerca del fenómeno de la globalización. Descubrir algunos de los problemas que acarrea dicho fenómeno. Además, intentar proponer posibles soluciones a los problemas encontrados.
La globalización acentúa y agrava los procesos de marginación y desocupación Ante todo, debo hacer mención del sistema en el que se encuentra inmerso la mayor parte del mundo: la globalización.
La palabra globalización no se usa sólo referida a la globalización económica o financiera, sino que abarca otros aspectos.
Se trata de un proceso que integra las actividades económicas, sociales, culturales, así como las laborales y por supuesto las ambientales. Las principales características de este fenómeno son: la desaparición de las fronteras entre países, con la consiguiente pérdida de soberanía e identidad, en pos de la creación de bloques políticos, económicos o militares; el auge de los medios de comunicación, capaces de llegar hasta los lugares más remotos y de conectar a todo el planeta; el predominio del poder económico por sobre el político, situación simbolizada por los especuladores bursátiles quienes sólo buscan satisfacer sus propios intereses y la decadencia de los valores humanos.Es útil aclarar que globalización y neoliberalismo no son términos sinónimos, aunque actualmente se produce una repetida concordancia entre el fenómeno físico de la globalización y el fenómeno ideológico del neoliberalismo. A continuación, describiremos cómo se ven afectados el hombre y su entorno por la exclusión social que genera la globalización. Esta exclusión se manifiesta de diferentes maneras. Las más significativas son el desempleo y la marginación, concepto que incluye a la pobreza y a la hambruna.
1. Desocupación
El modelo neoliberal como mundial, es principal causa del actual desempleo. Al favorecer a sólo algunos sectores productivos, parte de la industria se ve deglutida por el sistema. Al haber privilegios para ciertas empresas (grandes nacionales o multinacionales) comienza la desaparición de algunas otras (las PyMES). Además, el neoliberalismo trae como consecuencia la ruptura de la relación entre las actividades económicas y los lugares donde se desarrollan, es decir: por la implementación de tecnología, no es necesario manufacturar un producto enteramente en una misma región.
Hay mundo con cada vez mayor desigualdad que incrementa la distancia entre la clase alta y la trabajadora, destruyendo a la clase media y haciendo a un lado al 80% de la población mundial que es ajena al desarrollo económico.
Basta el 20% restante para mantener en marcha a la economía mundial. Continuamente aumenta "la población sobrante" y esa población no satisfecha pasa a incrementar la marginación a niveles incomparablemente más elevados.
El mundo laboral se está transformando.
Los trabajos que antes eran para toda la vida se convierten en trabajos ocasionales y una profesión que antes tenía mucha salida laboral puede transformarse, de la noche a la mañana, en un oficio sin valor. Ya casi no existen los trabajos de tiempo completo. La mayoría están siendo reemplazados por puestos de media jornada, trabajos temporales y trabajos mal remunerados. Las empresas utilizan la nueva movilidad del dinero y de la producción para concentrar su actividad allí donde las condiciones y el precio del trabajo están más despreciados
Que las empresas crezcan y produzcan beneficios no significa que los trabajadores también se vean beneficiados. Está claro que en la sociedad de hoy ya no hay trabajo para todos.
Trabajo se llama a la ocupación diaria a la que el hombre debe su salud, su subsistencia, su serenidad y su sentido común. Por todas estas características, se puede afirmar que dignifica al hombre, ya que lo hace obrar de manera que merece el respeto de los demás y de sí mismo. Lo hace sentirse útil y realizado, lo que convierte al trabajo en una actividad necesaria y esencial para su vida.. El sistema neoliberal crea sujetos individualistas, consumistas y con tendencias a caer en la imitación. Con ello, lo que se va a conseguir es que la sociedad se mantenga entretenida en otros asuntos y de tal manera no tenga de qué preocuparse, ya que sin una sociedad que se manifieste, el sistema seguirá reproduciendo sus estereotipos sociales y sus formas de producción y de gobierno.Este modelo imperante necesita, además, que el individuo no piense,no dude, no discuta sobre las reglas del mercado, sobre el imperio del mercado, acepte el librecambio como un hecho de la naturaleza, se entregue a las verdades que los profetas del capitalismo global le sirven por los medios de comunicación día a día. Necesita del individuo consumidor, sumiso, pastueño, mediocre, despolitizado, desidealizado, Muchas de estas personas se escudan en la espera del fin del mundo para justificar su pasividad y que sus esfuerzos son vanos
Como dijo Albert Camus: "Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrupta en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas. En la que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión."
2. Marginación
En este trabajo intento demostrar que la globalización acentúa y agrava la marginación y la desocupación y además cómo afectan éstos al hombre. La principal causa de la marginación mundial es el neoliberalismo, cuyos efectos se ven agravados por la globalización económica.
La palabra globalización no sólo se usa sólo referida a la globalización económica o financiera, sino que abarca otros aspectos. Es un proceso que engloba las actividades económicas,, sociales, culturales .laborales y ambientales.
Las principales características de este fenómeno son: la desaparición de las fronteras entre países, la pérdida de la soberanía e identidad, el auge de los medios de comunicación que llegan a los lugares más remotos y conectan todo el planeta, el predominio del poder económico sobre el político y ka decadencia de los valores humanos.
Globalización y neoliberalismo no son sinónimos. El hombre y su entorno se ven afectados por la exclusión social que genera la globalización. Ésta se manifiesta de diferentes maneras, como el desempleo, la marginación y la discriminación, concepto que incluye la pobreza y la hambruna.
2. a) Marginación socialPor marginación entendemos el estado en el que un individuo o grupo social no es considerado parte, o lo es pero como parte externa, de una determinada sociedad.Podemos distinguir diferentes tipos de marginación social:• La marginación por indiferencia incluye a los ancianos, minusválidos, subnormales (dementes) e inválidos. Lo que sucede es que no es la sociedad la que los rechaza sino que es el mercado el que los margina por ser improductivos e incapaces de aportar su fuerza de trabajo.• La marginación por represión de conducta, la cual abarca a prostitutas, drogadictos, alcohólicos y delincuentes y la marginación de reclusión por falta de recursos, formada por vagabundos y mendigos. En estos casos, la sociedad los margina debido a que presentan una actitud desviada, incompatible con los ideales morales de la comunidad.• La automarginación, encarnada por los hippies de los años 60, revolucionarios e intelectuales, quienes no comparten las ideas imperantes en su entorno.La exclusión social, La exclusión marca la frontera entre quienes gozan en plenitud de sus derechos y quienes se ven privados de una parte de ellos, con menoscabo de sus capacidades de desarrollo como personas, agravio de su dignidad y, con frecuencia, peligro de su propia vida. Vuelve a la gente incapaz de insertarse o reinsertarse en el circuito económico; esta imposibilidad de reinserción lleva a un proceso de "descalificación social" y a la pérdida de una "ciudadanía activa".Es claro que toda exclusión es una injusticia. No hay exclusión que pueda proceder del ejercicio de la justicia, cuando lo que produce es el daño de la persona, su destrucción física, psicológica o moral.
2. b) Pobreza
La pobreza se hace notar:
· En la carencia que sufre una persona/hogar por la falta de bienes y servicios considerados indispensables para cubrir las necesidades vitales: vivienda y todo lo que comporta el alojamiento, vestimenta, alimentación, protección sanitaria, formación (escolar, profesional, universitaria), etc.
· En el grado de incapacidad para participar en todos los aspectos de la vida (social, cultural, cívica, profesional), así como en la imposibilidad de comunicarse.
En los años 80, los conceptos y las medidas de la pobreza adquieren una nueva entidad, debido a la magnitud que ésta llega a tener en el nuevo régimen de acumulación. A la pobreza estructural que ya estaba presente en el mundo (originada por una mala distribución de la riqueza) se le agregan los ‘nuevos pobres’, producto de los ajustes y de la desarticulación generalizada de las nuevas economías. Éstos incluyen a los sectores de clase media, jubilados, docentes, trabajadores fabriles, que ven cómo sus condiciones de vida elementales se van deteriorando significativamente. Con la desaparición de la clase media, el abismo entre pobres y ricos se profundiza y quien se encuentra entre los mejor pagados quiere tener cada vez menos en común con los estratos inferiores.
La cohesión social está desapareciendo, ahora lo que se propone es la vuelta de las élites. La nueva norma es el encapsulamiento de los ricos en su propio país. En lugar de ser los criminales los que están entre rejas, ahora son los ricos.Es imprescindible mencionar que la pobreza tiene serios efectos sobre las personas. La impotencia que sienten ante la imposibilidad de modificar su situación se traduce en menosprecio propio, menosprecio del país, depresión anímica y social, violencia y quebrantamiento de la ley. Además, provoca el resentimiento hacia los que tienen, refuerza el racismo y mata la sensibilidad humana.

2.C).HambrunaEl hambre es la manifestación más extrema de una situación social y de condiciones de vida que empeoran y hacen estragos entre los sectores populares. Es también el resultado del modelo económico netamente neoconservador implementado alrededor del mundo. El hambre existe no por falta de alimentos (no existe una relación estrecha entre producción global de alimentos y hambre) sino porque importantes estratos de la población no pueden acceder o no tienen la capacidad de adquirir los alimentos necesarios. Esto tiene que ver en gran parte con la desocupación presente y con el modelo económico en el que vivimos, el cual tiende a marginar a vastos sectores de la comunidad de los frutos del progreso técnico, por basarse en un régimen de acumulación. La situación actual es alarmante. Algunas estadísticas que ilustran el estado del mundo globalizado son:
• 1.000 millones de seres humanos están mal alimentados y padecen enfermedades.
• 100 mil personas agonizan diariamente de hambre en el mundo
.• Cada 2 segundos muere un niño por falta de alimentos.
• "... una quinta parte de la población del mundo en desarrollo se acuesta todos los días con hambre, una cuarta parte no tiene acceso ni tan siquiera a una necesidad tan básica como el agua potable, y una tercera se halla en situación de pobreza abyecta - viviendo una existencia humana tal que faltan las palabras para describirla."
• A escala mundial, la quinta parte más rica de la población mundial consume el 45% de toda la carne y el pescado, y la quinta parte más pobre, el 5%.El hambre seguirá existiendo en la medida en que el sistema económico siga siendo excluyente, marginando a sectores de la comunidad.Es previsible que el rumbo actual no se pueda mantener mucho tiempo. La ciega adaptación al mercado mundial lleva a las sociedades a la disgregación, dado que los mercados y las multinacionales no saben qué respuesta dar a la fuerza destructiva que emana de la radicalización de una minoría creciente de desplazados y personas marginadas.

Villa miseria
En Argentina se llama villas miseria a asentamientos informales formados por viviendas precarias. Bernardo Verbitsky le de ese nombre en su novela “Villa Miseria también es América” (1957), donde describe las terribles condiciones de vida de los migrantes internos durante la Década Infame. En varios gobiernos, civiles o militares, han tratado, con distinto éxito, de erradicarlas, derribando las viviendas y desplazar a sus habitantes hacia algún otro lado
.Eufemísticamente llamadas Villas de Emergencia, entre las más conocidas de Argentina se encuentran:
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: hay contabilizadas 21 villas miseria o asentamientos: el asentamiento Morixe, el asentamiento ex AU 7, asentamiento Reserva Ecológica, Los Piletones, Calacita, calle Zavaleta, Av. Eva Perón, la Villa Dulce, y las villas 1-11-14, 3, 6, 13 bis, 15 Ciudad Oculta, 16, 17, 19, 20, 21-24, 26, 31 y 31 bis - Saldías
En el Gran Buenos Aires: La Cava, en el partido de San Isidro, y Fuerte Apache, en el partido de Tres de Febrero
En el Gran La Plata: Itatí: Villa Pulmón
En Rosario: Barrio Las Flores, Barrio toba, Villa La Lata
En Bariloche: Barrio Islas Malvinas
El pintor Antonio Berni se ocupó de su problemática a través de Juanito Laguna
y Ramona Montiel, estimando en 2004 alrededor de 9.000 hogares arraigados
a lo ancho y a lo largo de Argentina.
Discriminación
Discriminar es hacer una distinción. Esta palabra se utiliza de muchas formas, por ejemplo la discriminación estadística. Este artículo desarrolla el significado más común de la palabra: discriminación social, racial, religiosa o sexual.,En una parte del artículo 1º de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial dice:
«La distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos varios (sexo, raza, religión, condición social...) cuyo propósito o resultado sea anular o disminuir el reconocimiento, preferencia o ejercicio, en iguales condiciones, de los derechos humanos y libertades fundamentales en la política, la economía, la sociedad, la cultura o cualquier otra esfera de la vida pública.»
César Rodríguez en su texto “Derecho a la igualdad considera que una de las principales fuentes de desigualdad es la discriminación.: "los ingresos, la clase social y la raza, factores tales como el género, el origen étnico, la nacionalidad la filiación religiosa o la ideología política" dan lugar a las formas de discriminación.
Existen ciertos grupos minoritarios que no están "efectivamente incorporados", en la sociedad ( Peter Schuck).
Estos grupos están discriminados y se encuentran en una posición de "subordinación perpetua" ( Derecho y grupos desaventajados, Gargarella), lo cual se ve reflejado en la economía (clases menos favorecidas), en la política (no tienen representación política) y en la vida social. Éste tipo de discriminación es la más evidente pues es la que se ve en el día a día, como por ejemplo la violencia física racial entre pandillas que se da en Estados Unidos o en Europa.
Uno de los mejores ejemplos de discriminación fue y sigue siendo pese a muchos avances, el de la comunidad de raza negra en Estados Unidos. A través de la historia, esta comunidad ha estado sometida a una constante exclusión/discriminación por parte de algunas partes de la sociedad. Un ejemplo de esto fue la imposibilidad que en el pasado tuvieron de acceder a la educación superior en las universidades. La discriminación ha sido una de las principales fuentes de desigualdad, debido a que como están marginados de las decisiones, se les priva de ciertos derechos fundamentales como la salud y la educación.

Decreto 1086/2005Plan Nacional Contra la Discriminación
B.O.: 8/9/2005 Bs. As., 7/9/2005
VISTO el Expediente N° 149.979/05 del registro del MINISTERIO DE JUSTICIA Y DERECHOS HUMANOS y la Resolución N° 56/266 de fecha 27 de marzo de 2002 de la Asamblea General de la ORGANIZACION DE LAS NACIONES UNIDAS,
CONSIDERANDO:
Que en virtud de la Resolución citada en el Visto la Asamblea General de la ORGANIZACION DE LAS NACIONES UNIDAS hizo suyas la DECLARACION y el PROGRAMA DE ACCION de la III CONFERENCIA MUNDIAL CONTRA EL RACISMO, LA DISCRIMINACION RACIAL, LA XENOFOBIA Y LAS FORMAS CONEXAS DE INTOLERANCIA, aprobados en la ciudad de DURBAN -REPUBLICA DE SUDAFRICA- el 8 de septiembre de 2001, recomendando a los Estados que adopten las medidas necesarias tendientes a implementar los objetivos propuestos en los referidos documentos.

EL PRESIDENTE DE LA NACION ARGENTINA DECRETA:
Artículo 1° - Apruébase el documento titulado "HACIA UN PLAN NACIONAL CONTRA LA DISCRIMINACION - LA DISCRIMINACION EN ARGENTINA. DIAGNOSTICO Y PROPUESTAS" que, como Anexo, forma parte del presente decreto y que constituirá los lineamientos estratégicos del Plan Nacional contra la Discriminación.
Art. 2° - Encomiéndase al INSTITUTO NACIONAL CONTRA LA DISCRIMINACION, LA XENOFOBIA Y EL RACISMO, en adelante el INADI, la coordinación de la ejecución de las propuestas indicadas en el documento que por este acto se aprueba.
La SECRETARIA DE DERECHOS HUMANOS DEL MINISTERIO DE JUSTICIA Y DERECHOS HUMANOS, el MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES, COMERCIO INTERNACIONAL Y CULTO y el INADI, con el apoyo de la JEFATURA DE GABINETE DE MINISTROS, organizarán la consulta con otros organismos nacionales cuya participación se considere necesaria, con las organizaciones no gubernamentales comprometidas en la defensa de los derechos humanos y en la lucha contra la discriminación, y participarán en los estudios y acciones necesarios para la implementación de las propuestas del documento mencionado en el artículo 1° y para la elaboración del Plan Nacional contra la Discriminación.
Art. 3° - Invítase al HONORABLE CONGRESO DE LA NACION, al PODER JUDICIAL DE LA NACION, AL MINISTERIO PUBLICO FISCAL Y A LA DEFENSORIA DEL PUEBLO DE LA NACION a adherir a las disposiciones de este decreto y a participar en los estudios y acciones necesarios para la formulación del Plan Nacional contra la Discriminación.
Art. 4° - Invítase a las Provincias, a la CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES y a los Municipios provinciales a adherir a las disposiciones de este decreto y a participar en los estudios y acciones necesarios para la formulación del Plan Nacional contra la Discriminación.
Art. 5° - Comuníquese, publíquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y archívese.
Néstor KIRCHNER. Alberto A. FERNÁNDEZ Alberto J.B.IRIBARNE.

TE VÍ
Rostro macilento, mirada perdida...
guijarros brillantes de hambre, de frío.
Tus ropas, jirones colgando
cuerpo joven-viejo.
Tu pelo al descuido, pero no por coqueto.
Tus manos de piedra,
gastadas,
tus manos cansadas.
El niño al costado, esperando la espera,
la gente que pasa, sin mirar lo visto.
Tu vida que sigue,
tu vida arruinada que sigue sin pausa
mujer-niña - joven – vieja.
No para mi asombro. No entiendo.
¿Cuál es el misterio?
¿Quién ha decidido
que en el mismo espacio convivan
tu hambre, tu frío
y el simple oficio de otros de vivir bien?

Puede ser que un día, ése, el esperado, fuera de necesarias y obligatorias leyes, el hombre descubra que ha nacido y morirá de la misma forma que el otro. Entonces nos daremos cuenta de la igualdad que debe imperar sobre la tierra. Utopía será. Pero es un deseo perenne .Paz. Igualdad. Hermandad.

martes, 18 de diciembre de 2007

SIN OLVIDAR...

Los conceptos y las medidas de la pobreza van adquiriendo cada vez más una nueva entidad, debido a la magnitud que ésta llega a tener en el nuevo régimen de acumulación. A la pobreza estructural que ya estaba presente en el mundo (originada por una mala distribución de la riqueza) se le agregan los "nuevos pobres", producto de los ajustes y de la desarticulación generalizada de las nuevas economías. Éstos incluyen a los sectores de clase media, jubilados, docentes, trabajadores fabriles, que ven cómo sus condiciones de vida elementales se van deteriorando significativamente.
Con la desaparición de la clase media, el abismo entre pobres y ricos se profundiza y quien se encuentra entre los mejor pagados quiere tener cada vez menos en común con los estratos inferiores. La cohesión social está desapareciendo, ahora lo que se propone es la vuelta de las élites. La nueva norma es el encapsulamiento de los ricos.

Disculpe el señor



Disculpe el señor si le interrumpo,
pero en el recibidor
hay un par de pobres que preguntan
insistentemente por usted.

No piden limosnas, no...
Ni venden alfombras de lana,
tampoco elefantes de ébano.
Son pobres que no tienen nada de nada.

No entendí muy bien sin nada que vender
o nada que perder,
pero por lo que parece tiene usted
alguna cosa que les pertenece.

¿Quiere que les diga que el señor salió...?
¿Que vuelvan mañana, en horas de visita...?
¿O mejor les digo como el señor dice:
"Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da, no se quita...?

"Disculpe el señor,
se nos llenó de pobres el recibidor
y no paran de llegar,
desde la retaguardia, por tierra y por mar.

Y como el señor dice que salió
y tratándose de una urgencia,
me han pedido que les indique yo
por dónde se va a la despensa,
y que Dios, se lo pagará.

¿Me da las llaves o los echo?
Usted verá que mientras estamos hablando
llegan más y más pobres y siguen llegando.

¿Quiere usted que llame a un guardia
y que revise si tienen en regla sus papeles de pobre...?
¿O mejor les digo como el señor dice:
"Bien me quieres, bien te quiero,
no me toques el dinero...?

"Disculpe el señor
pero este asunto va de mal en peor.
Vienen a millones
y curiosamente, vienen todos hacia aquí.

Traté de contenerles pero ya ve,
han dado con su paradero.
Estos son los pobres de los que le hablé...
Le dejo con los caballeros
y entiéndase usted...

Si no manda otra cosa, me retiraré.
Si me necesita, llame...
Que Dios le inspire o que Dios le ampare,
que esos no se han enterado
que Carlos Marx está muerto y enterrado.

Con mis mejores deseos de que el nuevo año traiga un soplo beneficioso a los postergados, olvidados y sumergidos de siempre.
Con mis mejores deseos de un final de año

lunes, 10 de diciembre de 2007

LA ALFOMBRA VERDE



16 hs. de una tarde porteña, allá por Villa Pueyrredón, Buenos Aires .
El sol entraba por la ventana del balcón. - Rápido, dígamelo ahora, le dijo al vendedor inmobiliario que apenas pudo saludarlos y decirles que miraran todo, que había una posibilidad para agrandar la... y no terminó la frase. Ella atacó con su dígamelo ahora. Esta rubiecita reflejaba con su pelo tomado por una colita y sus jeans ajustados una ansiedad imperiosa. Buscaban departamento. Él detrás de ella, callado, pasaba por los cuartos, rápido, deslizándose sin que se escucharan sus pasos. Venían con apuro..." el nene quedó con la abuela Moni, (¡por fin una vez!”. Verónica y el muchacho hacían una linda pareja. Los ojos celestes de “Gonza”, como ella lo llamó, destellaban en cada parpadeo. En la complicidad de sus miradas decían lo que querían.
Regresaban de un largo viaje sin saber qué hallarían en sus respectivas familias, muy tocadas por enfermedades y problemas económicos.
Cada uno había viajado a Europa sin conocerse. Verónica, con una beca para perfeccionarse en danza luego de diez años intensos en la Escuela del Teatro Colón. Diez años rígidos, estrictos, muchas veces con dolor, del alma, injusticias, sufrimientos en sus músculos y sus pies trabajados cotidianamente. Cuando cansada de tanta tesitura exigente llegó a la Escuela del Ballet del Teatro San Martín, creyó que iba a ser más llevadero. Allí la disciplina fue también muy severa. Después de un examen brillante integró el cuerpo del ballet estable en un grupo homogéneo donde se destacó. Su cuerpo etéreo, polvo mágico, se desintegraba en el escenario conjugándose con la emoción de la platea. Encontró en la danza contemporánea la disciplina que traía y la libertad que descubrió en ella. Muy pronto le ofrecieron una beca y el tema le rondó en su cabeza. La familia acuciada por problemas monetarios, igual la apoyó y la animó. Y se fue a París.
París. Alojada en una casa con otras sudamericanas, todas becarias, hizo amistades con mujeres de temple y estudio como ella. Loli, peruana, arqueóloga. Tatiana la uruguaya, bióloga y las hermanas brasileñas Gogo y Besy, las dos, médicas. Cada una en lo suyo, compañeras de exilio elegido, venían de América. Sabían de la poca estima hacia los sudamericanos y de la eterna lucha por elevar el concepto prehecho. Una de esas noches libres salió con la peruanita Loli. La oscuridad era agradable. Por las calles de París brotaba la música en el aire y salía por los lugares más insospechados. Loli, sentada en el borde del Sena miraba a Vero girar, volar en una nube brumosa. Nunca creyó que se podía trasuntar tanta emoción como la que emanaba del cuerpo de esa transparente mariposa. Cuando se deslizó como leve seda en el suelo dando fin a su danzar, un aplauso resonó de lejos. Displicente, con un gesto a lo “Duse”, buscó el lugar de donde provenía el aplauso amplio, fuerte, pausado. Loli se levantó también, curiosa. Desde un café desierto, con una sola mesa en la calle, llorada de soledad, el aplaudidor la miraba. Vero hizo un saludo desde su escenario y Loli agitó su mano saludándolo. 14 de julio, fiesta consabida en Francia. París era todo sonido. Verónica contagiada por el ambiente festivo salió a la calle con su compañera nocturna, envuelta en una bandera argentina y cintas rojas, blancas y azules. La gente bailaba alegremente y cantaba haciendo coros. Contagiadas de la algarabía, disfrutaban, acompañaban todos los que se acercaban a ellas y ya muy cansadas, tarde, buscaron dónde sentarse a tomar un café. Al punto se reconocieron los tres, la bailarina, la amiga y el aplaudidor. No fue sorpresa para ellas que el mozo hablara español. Español no. Él hablaba en porteño, porteño bien de Buenos Aires. La alegría de Vero fue enorme por encontrarse con un sudamericano argentino y porteño. Mientras atendía la mesa de ellas y otras más, el muchacho les ratificó que era de Buenos Aires, de su intención de formar una banda con otros músicos que habían venido a París con él y que pronto se volverían porque la plaza no era fácil. A las chicas el café les gustó. A Vero más. Una noche decidió ir sola. No podía negar que en ella se había hecho un clic. De reojo miraba al mozo y cuando de madrugada, única cliente, él terminó de acomodar las mesas, sin hablar, salieron caminando hacia el Sena.
La relación Vero y Gonzalo Quiroga fue espléndida y afín. Les eran escasas las horas que pasaban juntos, entendiéndose de tal forma como no lo hubieran imaginado jamás. Programaron convivir, pero no podían y cuando concluyó la beca de Vero, tiraron a cara o cruz. Cara, quedarse en Francia con el dinero ahorrado entre los dos y cruz, sacar pasajes y volar a Buenos Aires. Ganó cruz, por lo tanto, regresaron De vuelta al país, Vero ya estaba embarazada de Ignacio y a la llegada, nada había cambiado en las familias pero fueron muy bien recibidos por todos. Eso sí. Dinero no había para nada. Se acomodaron con los padres de ella. El espacio faltaba. Sobraba voluntad, cariño y comprensión. El día que apareció el tío Pedro ofreciéndoles un pequeño préstamo para la solución de la vivienda empezó la búsqueda de lugar dónde vivir. Y llegaron a ese departamento en donde al entrar, Vero, imperiosa, le espetó al vendedor de turno, “rápido, dígamelo ahora “… La compraron. Inmediatamente. Aconsejados por el vendedor hicieron los pequeños cambios sugeridos y le dieron uso familiar y de trabajo. Se redujeron a un ambiente y en el otro, amplio, se turnaron para clases de música y danza.
Una noche, de las pocas que quedaban para un café, Gonzalo, se quedó mirando la cama de bronce comprada en San Telmo y le resultó extraña la forma de encastre del barrote de la piecera. Le llamó la atención la forma desprolija en que estaba terminada. Pasó sus dedos delicados de saxofonista y al tocar la rebarba que había en ella, ésta giró y a punto de desmayarse empezó a sacar de uno en vez, billetes verdes mientras los esparcía por el suelo. Llamó a Vero que no entendía qué y sólo atinó a preguntar por el otro barrote. Con el otro ocurrió lo mismo. Manó una cantidad aún mayor de billetes verdes, formando en el piso de la habitación una mullida alfombra verde.
En este momento estoy viendo en la playa de Necochea a una joven bailando en la orilla del mar mientras un niño juega con su baldecito en la arena y escucho un sólo de saxo de la Rapsodia de Debussy.
1.000.000 de dólares cambiaron la vida de Vero, Gonzalo, sus familias y las de otros en quienes ellos pensaron, como siempre lo habían hecho.



domingo, 9 de diciembre de 2007

LA NOCHE VIENE, MARGOT ESPERA

La noche viene. Es 31. 31 de diciembre. ¿El año? ya no sabe en qué año está. Es 2004. La noche viene y con ella, morena de ojos negros, deberían comenzar los festejos y dejar que la invada el sueño con suavidad y así poder olvidar lo inolvidable. Pero le duelen los espectros de la noche, la tristeza instalada en carne joven, en esos ojos que siempre buscan respuestas, en los pies gastados de haber caminado tanto. Desecha toda fiesta, mas se le hace difícil conciliar el sueño donde habiten mariposas y luciérnagas. Se levanta al oír en los suburbios y desde lejos, las sirenas, el tañer de las campanas anunciando el 2005, la llegada de un nuevo año. Y Margot llora. Llora por la soledad. Soledad de pena oscura, penetrante, adherida. Llora porque aún quiere soñar maravillas, esperadas como dones, pretensiones de juveniles ilusiones. Son solamente pretensiones. Esa noche, 31 de diciembre de 2004, Vaugirard, su barrio en París, le trae suspenso, suspenso febril. Ella cree todavía que un mañana llegará y retornarán las ganas de volver a empezar. Empezar sería un buen comienzo, se dice. Volver a creer, creer increíble y necesariamente; corporizar lo vivido, proyectar ingenuas ilusiones, historiar historias repetidas, ya lloradas, ya reídas y así dejar de llorar…
Las sirenas y las campanas cesan. Ahora escucha acordeones y bandoneones alegres que incitan a bailar y a ella le caen tristemente. Se apoya en la ventana y los acordes de un tango, reconoce a Osvaldo Pugliese y los acordes la vuelven a su Buenos Aires que no puede ni quiere olvidar. Roberto la trajo a París en una desesperada huída, con el corazón partido. No. No puede olvidar Buenos Aires. Esa Buenos Aires única. San Juan y Pasco, Rioja, Humberto I, el barrio de sus padres; la escuela que albergó su infancia y su adolescencia en San Cristóbal, en ese histórico Normal, y menos aún olvidar, con dolor intransferible en el cuerpo, la casa de la calle Cevallos. ¡Menos ésa!
Su encuentro con Roberto, el deslumbramiento, la fascinación, le aprietan todavía las entrañas con el recuerdo de esa sala donde hablaban todos juntos lo que ella en un principio no entendía. Tiene en sus oídos el sonido de su voz suave y penetrante, cálida, convincente. Esa tarde supo que ése era su lugar, que ésa era su lucha y ése era su hombre. Ella y él, él y ella. Juntos, el mismo pensamiento, iguales las ideas, los abrazos interminables y el mismo calor fundido entre los dos. Lo amó con la locura con que aman los adolescentes y la admiración del valor que emanaba ese visionario. Lo ama todavía. Lo ve en sus sueños.
Por las tardes se encontraban en la sala. Ella siempre con sus trenzas salidas debajo de la boina azul bien calada. Él la llamaba “mi francesita”. Ella reía, jugueteando con el pelo enrulado, el de él. Todo era como jamás lo había imaginado. Conferencias, órdenes, contraórdenes, consignas, mensajes, trabajos. De a poco, al lado de Roberto, enorgullecida por el lugar que ocupaba como novia y compañera, fue entrando en la vorágine y su único proyecto era “cambiar el destino de la Patria”... hasta que “cayó”... Cayó sola en un descuido en San Juan y Deán Funes cuando iba a visitar a sus padres. No volvió a ver a Roberto ni a sus compañeros.
Supo de torturas, violaciones, de música a todo volumen, de hipocresía y ocultamientos. Aprender cómo se fingía para simular una “recuperación”. De tranzas y arreglos, como cuando la sacaban a pasear para “marcar” gente, que ella nunca reconocía. Fue casi un año en que pasó de estar detenida-desaparecida hasta llegar a la libertad vigilada y luego a ser liberada sin saber por qué. Siempre supuso que tenía un perfil de “recuperada” que había hecho que la soltaran obteniendo esa libertad ansiada, mas no sin miedos y desconfianzas. Por temor a que la siguieran no volvió a su departamento ni a la casa de los viejos. Deambuló buscando refugio, tocó puertas. Supo que muchos no estaban en ningún lugar, hasta que dio con Nacho, un “cumpa” de ley, un sobreviviente más, que le consiguió papeles, pasaporte y un nuevo nombre.
- Nena, te conseguimos pasaje a Francia. Con tu estilo y recordándote con tu boina azul, Margot encaja perfecto. Qué tal ¿Margot Daviou te suena bien? ¿Qué fue de tu característica boina azul?
- Se la regalé a Chela el día que la pelaron.
Y hoy 31 de diciembre, cierra los ojos y tantea el mueble donde están las llaves de L`Antique, esa tienda de la Rue du Four en que deambula entre porcelanas y cristales. Toca su cofre de papeles amarillos, de época arcana de tinta esfumada; una foto con Nacho en la puerta de “Le Petit Diable” en Toulouse, (¡en Francia!) el hermanito de Margot de Boedo y San Ignacio y un pimpollo, regalo de él en un cumpleaños, muerto desde el tiempo y su tristeza. ¡Veinticinco años! Ya todo quedó atrás, en el mutismo silenciado en el cofre de los “olvidos”.Acaricia su boina azul, que Chela le mandó sorteando obstáculos, ese cuello de encajes y de organza que Mimí, la dueña de la tienda le obsequió con un pequeño prendedor, una miniatura de una margarita tallada en marfil y unos guantes de fiesta. ¡Tan amable Mimí para sus cumpleaños! Todo, todo ya fue.
En el cofre de los recuerdos guarda también el valor, el honor y el olor de los cuerpos encendidos de pasión y desenfreno que se desasen de los papeles amarillos escritos con su sangre. Ella y Roberto, Roberto y ella.
Amanece. Ya es 1º de Año. El viento golpea las ventanas de su habitación. Vaugirard bailotea igual que el centro de París. Parece desplomarse el mundo entero, los árboles se mueven al compás, retozando burlones, enloquecidos, aquí y allá; abajo, cada vez más abajo, hasta tocar casi el suelo. Comienza a gotear. Primero gotas chicas, luego cada una más grande. Se ha instalado el aguacero. Tormenta de viento igual al pampero y aguas con esas gotas como perlas nacaradas. Junto a la ventana, manto de lágrimas los cristales, Margot mira hacia afuera y todavía espera. Espera aguardando que lo traiga el pampero. Espera. Apretando sus manos morenas, vigilando el reloj que las horas no da, mientras las cenizas del fuego de su boca llenan todo un cenicero. No llega. Interminable es la espera. Jamás llegará.
Margot pierde su acostumbrada templanza, su inagotable y férrea paciencia; ese permanente control que adquirió hace veintiséis años, cuando sólo contaba dieciocho. Cae la noche. Con ella, la locura la atrapa esta vez, con sollozos, con gritos. -¿Dónde quedaste que ni mi pampero te ha traído? Gime. ¿Qué impidió tu llegada, amor mío? Y como si un rayo la empujara acude a su cofre y a pesar de la locura que la consume, con ademán delicado, como en éxtasis, toma las llaves del auto, se encaja su boina azul sobre su pelo cortito, abrochándole el pequeño prendedor, se coloca el cuello de encajes y organza en el vestido negro, calza los guantes de fiesta de cabritilla con sus botones de perlas, ¡lástima no tener el retrato de su madre! Ese cuadro de ella, tan bonita, con el pelo negro violáceo y su tez traslúcida, tan nacarada. Y decidida pone el pie en el acelerador sabiendo de antemano que el Sena la espera.

viernes, 7 de diciembre de 2007

COMO AL PASAR - Buenos Aires mía y querida



Estoy viniendo por la calle San Juan desde la avenida Jujuy, haciendo tiempo, en tanto susurro un popurrí... “hace veinte años que digo hace veinte años que tengo veinte años...”, “te doy una canción con mis dos manos” y esquivando baldosas flojas… “dónde estará mi arrabal, veredas que yo pisé”… (el Nano, Silvio, Cátulo Castillo todos juntos), para encontrarme con mi hija en un “shopping”. ¡En un “shoping”! ¡justo con lo que me gustan! y a mi alrededor sólo “sale”, “gelatería”, “closed”. ¿Qué pasa con mi Buenos Aires? ¿Qué es, una mezcla de “yes, Modugño y España Cañí? Parece mentira, que tanto odiar los shopping y aquí estoy frente a la empleada que me dice qué voy a llevar. Dudo. Sola, sin ganas, me decido por lo más simple, mientras, un carboncito bien negro, sombrío, me mira desde abajo y me pide una moneda. Le doy un peso. ¿Qué me alcanza?, me pregunta suavecito. Es cierto. ¡Es tan poco para comprar! Tomo cuenta de su hambre, su deseo. Trato de no hundirme en sus ojos, (tengo vergüenza). ¿No querés una cajita feliz? No preciso bien, pero me parece ver destellos en sus impenetrables ojazos, porque son ojazos. La pido y elige el chiche con timidez acompañada de sorpresa. No creo ser el único ejemplar humano que le da una moneda a un chico de la calle. Cuando lo acompaño a la mesa y le llevo la bandeja veo en ese fulgor oscuro, los mil ojazos de nuestros niños, los niños de nuestro país, todos igualitos a los de él. Ésos, salidos de un Shurjin.
Voy a otra mesa, así tiene libertad. Grave error. Olvido que a los chicos de la calle los echan. Mas lo hago. Estoy aquí, a pasos de él, con sus pelitos cortos rasgados a cuchillo; las mejillas paspadas, arreboladas. Trato que no descubra mi mirada. No quiero inquietarlo…Se me va pasando la vergüenza. No la angustia. Ésta no se me irá nunca. Siempre encuentro un carboncito que me la provoca y se une a otras que ya tengo impresas en mis ojos... Se va. Pájaros me revolotean, gorriones o golondrinas. Me quedo como en babia. No sé si me alcanzará el dinero para volver a casa si no viene mi hija...ya me arreglaré...
Una joven mujer con una beba, también con chispas por ojos, me indica un montoncito de carne detrás del cesto de residuos; me dice, ahí está la que le compró la cajita feliz, está muy contenta. Descubro la cabecita cortada a cuchillo. Trato de disimular mi sorpresa (no era un varoncito).
- ¿Cómo se llama?
- Georgina.
- ¡Que lindo cabello negro! alcanzo a decir, ¡es hermosa! ¿y la beba? (la que llevaba en brazos).
- Wendy.
Wendy, un rollo negro, negro con ascuas por faroles. Georgina….Wendy… de latino, nada. ¡Son tan hermosas, tan inocentes!
Pregunto a una empleada por el baño y la mamá de los carboncitos, atenta, me indica el lugar y entramos juntas las dos al mismo tiempo nos cedemos la primacía por pasar.
Sentada nuevamente a la mesita del Mac Donald me dispongo a escribir y aparece él, grande, canoso, prolijo, medio encorvado, medias bordó, zapatos marrones bien lustrosos.
Se acomoda enfrente y me susurra desde otra mesa que son muchas horas que lleva desocupado. Así, sin más, - Mañana voy al doctor.
- ¿No se siente bien?
Con las manos hace más o menos y se enfrasca en la revista del shopping con lentitud parsimoniosa como si fuera El Quijote. Gacha la cabeza, triste la mirada.
¿No llega nunca mi hija? Presiento que ese día no va a terminar así. Exactamente, no erré. Acaba distinto a lo imaginado.
Mi lector del Quijote, Florencia y yo, liquidamos la noche comiendo un sándwich en el shopping, con un vaso de Coca Cola, disfrutando un helado en “Saverio”, al ladito nomás, tarareando “Malena”, mi tango preferido.
Y bue… así es mi ciudad, será por eso que la quiero tanto.




miércoles, 5 de diciembre de 2007

MICHEL FOUCAULT "conociéndolo"

Capítulo 1º “El cuerpo de los condenados “
De”VIGILAR Y CASTIGAR de Michel Foucault .


Damiens fue condenado el 2 demarzo de 1757, a ” pública retractación ante la puerta principal de la iglesia de París”,adonde debía ser “llevado y conducido en una carreta, desnudo, en camisa, con un hacha de de cera encendida de dos libras de peso en la mano”; después, “ en dicha carreta, a la plaza de Grêve, sobre un cadalso que allí habrá sido levantado(deberán serle) atenaceadas las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas, y su mano derecha asido en ésta un cuchillo con que cometió dicho parricidio, * quemada con juego de azufre, y sobre las partes atenaceadas se le verterá como plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina ardiente, cera y azufre fundidos juntamente, ya a continuación, su cuerpo estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tronco y consumidos en e fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas arrojadas al viento.”1)
“Finalmente, se le descuartizó, refiere la Gazette d’Amsterdam, 2). Esta última operación fue muy larga, porque los caballos que se utilizaban no estaban acostumbrados a tirar; de suerte que en lugar de cuatro, hubo que poner seis, y no bastando esto, fue forzoso para desmembrar los muslos del desdichado, cortarle los nervios y romperlo a hachazos las coyunturas…
“Aseguran que aunque siempre fue un maldiciente, no dejó blasfema; tan sólo los extremados dolores le hacían proferir horribles gritos y a menudo repetía: Dios mío, tened piedad de mí; Jesús socorredme”. Todos los espectadores quedaron edificados de la solicitud del párroco de Saint – Paul, que a pesar de su avanzada edad, no dejaba pasar momento alguno sin consolar al paciente”
Y el exento** Bouton: “Se encendió el azufre, pero el fuego era tan pobre que sólo la piel de la parte superior de la mano quedó no más que un poco dañada. A continuación, un ayudante, arremangado por encima de los codos, tomó unas tenazas de acero hechas para el caso, largas de un pie y medio aproximadamente, y le atenaceó primero la pantorrilla de la pierna derecha, después el muslo, de ahí pasó a las dos mollas del brazo derecho y a continuación a las tetillas. A este oficial, aunque fuerte y robusto, le costó mucho trabajo arrancar los trozos de carne que tomaba con las tenazas dos y tres veces del mismo lado, retorciendo, y lo que sacaba en cada porción dejaba una llaga del tamaño de un escudo de seis libras*.
“Después de estos atenaceamientos, Damiens, que gritaba mucho, aún sin maldecir, levantaba la cabeza y se miraba. El mismo atenaceador tomó una cuchara de hierro del caldero mezcla hirviendo, la cual vertió en abundancia sobre cada llaga. A continuación, ataron con soguillas las cuerdas destinadas al tiro de los caballos, después se amarraron aquéllas a cada miembro a lo largo de los muslos, piernas y brazos.
“El señor Le B, escribano, se acercó repetidas veces al re para preguntarle si tenía algo que decir, que no hay como se diga en cada tormento:” ¡Perdón Dios mío! Perdón Señor”.A pesar de todos los sufrimientos dichos, levanta de cuando en cuando la cabeza y se miraba valientemente. La sogas, tan apretadas por los hombres que tiraban de los cabos, le hacían sufrir dolores indecibles. El señor Le Breton se le volvió a acercar y le preguntó si no quería decir nada; dijo que no. Unos cuantos confesores se acercaron y le hablaron buen rato. Besaba de buena voluntad el crucifijo que le presentaban: tendía los labios y decía siempre: “Perdón Señor”.
“Los caballos dieron una arremetida, tirando cada uno de un miembro en derechura, sujeto cada caballo por un oficial. Un cuarto de hora después, vuelta a empezar, y en fin, tras de varios intentos, hubo que hacer tirar los caballos de esta suerte: los del brazo derecho a la cabeza, y los de los muslos volviéndose del lado de los brazos, con lo que se rompieron los brazos de las coyunturas. Estos tirones se repitieron varias veces sin resultado. El reo levantaba la cabeza y se contemplaba Fue preciso poner otros dos caballos delante de los amarrados a los muslos, lo cual hacía seis caballos, sin resultado.
“En fin el verdugo Samson marchó a decir al señor Le Breton que no había medio ni esperanza de lograr nada, y le pidió preguntara a los señores si no querían que lo hicieran cortar en pedazos. El señor Le Breton acudió de la ciudad y dio orden de hacer nuevos esfuerzos, lo que se cumplió; pero los caballos se impacientaron y uno de los que titaban de los muslos del supliciado, cayó al suelo. Los confesores volvieron y le hablaron de nuevo. Él le decía (yo lo oí): “Bésenme, señores” Y como el señor cura de Saint – Paul no se decidiera, el señor de Marsilly pasó por debajo de la soga del brazo izquierdo y fue a besarlo en la frente Los verdugo se juntaron y Damiens led decía que no juraran, que desempeñaran su cometido, que él no los recriminaba; les pedía que rogaran a Dios por él, y recomendara al párroco de Saint Paul que rezara por él en la primera misa.
“Después de dos, tres tentativas el verdugo Samson y el que lo había atenaceado sacaron un cuchillo de la bolsa y cortaron los muslos por su unión con el tronco del cuerpo. Los cuatro caballos tirando con todas sus fuerzas, se llevaron tras ellos, los muslos a saber: primero el del lado derecho, el otro después; luego se hizo lo mismo con los brazos y en el sitio de los hombros y axilas y en las cuatro partes.Fue preciso cortar las carnes hasta casi el hueso; los caballos con fuerzas, se llevaron el brazo derecho primero y el otro después.
“Una vez retiradas estas cuatro partes, confesores bajaron para hablarle pero su verdugo les dijo que había muerto, aunque la verdad era que yo veía al hombre agitarse, y la mandíbula inferior subir y bajar como si hablara. Un de los oficiales dijo incluso poco después que cuando levantaron el tronco del cuello para arrojarlo a la hoguera, estaba aún vivo. Los cuatro miembros, desatados de las sogas a una hoguera dispuesta en el recinto en línea recta del cadalso; luego el tronco y la totalidad fueron enseguida cubiertos de leños y de fajina y prendido el fuego a la paja mezclada con esta madera.
“…En cumplimiento de la sentencia, todo quedó reducido a cenizas. El último trozo hallado en las brasas no acabó de consumirse hasta las diez y media más de la noche. Los pedazos de carne y tronco tardaron unas cuatro horas en quemarse. Los oficiales, en cuyo momento me encontraba yo, así como mi hijo, con unos arqueros a modo de destacamento, permanecimos en la plaza hasta cerca de las once.
“S quiere hallar significado al hecho de que un perro se echó a la mañana siguiente sobre el sitio donde había estado la hoguera y ahuyentado repetidas veces volvía allí siempre. Pero no es fácil comprender que el animal encontraba aquel lugar más caliente” 3).

Tres cuartos de siglos después León Faucher redacta un reglamento “para la Casa de jóvenes delincuentes de París” 4).
En él consta el suplicio y un empleo del tiempo. Los delitos no son igualmente sancionados, así como no se castiga el mismo género de delincuentes.
Europa y Estados Unidos redistribuyen toda la economía del castigo. Desaparecen los suplicios. Mas el látigo sigue imponiéndose. En Inglaterra es abolida la marca; pero las prácticas punitivas se habían vuelto púdicas (¿?). Narra él las micro – estructuras del PODER formadas en las sociedades industrializadas, a partir del siglo XVIII en las prisiones y las escuelas.
Sobreviene la época actual, en que en algunos estados del gran país del Norte, un médico debe establecer una vigilancia sobre los condenados a muerte y en nuestra nefasta dictadura los médicos colaboran para poder seguir con los tormentos físicos, que aquí, sí, a los detenidos se les infligió, con la amplia anuencia de la iglesia y cometieron los hechos más aberrantes de nuestra historia.
Incursionar por alguna partes de este capítulo emparenta uno con otro a cada protagonista del castigo y muerte de Damiens.
En Argentina, Damiens, tiene 30.000 nombres y su libro retrotrae a la actualidad.
Nada ha cambiado. . .
Foucault concluye el primer capítulo de el libro”citando las rebeliones contra toda una miseria física que data más de un siglo: contra el frío, contra el hacinamiento y la falta de aire, contra unos muros vetustos, contra el hambre, contra los golpes, contra los médicos, contra los curas”.
Leyendo este capítulo, reitero, veo en toda su dimensión., los Videla, Massera, Anaya, Camps, Bergés, el turco Julián, Etchecolaz, Von Wernick, Astiz, Febres y la larga lista que los precede y sucede.
Queda agregar actualizando, la utilización de la picana, la apropiación de niños, la desaparición y muerte de 30.000 personas. El Genocidio de Estyado mayor implantado en Argentina.


* Parricidio, por ser contra el rey, a quien se equipara al padre.
1)Piéces originales et procédures du procés fait á Robert - Francois Damiens.1757.
2)Gazette d 'Asterdam, 1 de abril de 1757
**Exento: oficial de ciertos cuerpos, inferior al alférez y superior a brigadier.
*Escudo de seis libras:cierta moneda de la época.
3)Citado en A.L.Zeaves, Damiens le regicide, 1937, pp.2201 -214

martes, 4 de diciembre de 2007

EL JUAN, como aferrándose

Como aferrándose a un minuto final, ése del no retorno, se agarró con fuerza del pasamanos del micro en un salto enorme, tan grande como pequeño era él. Su cuerpecito se afirmó en el escalón y con un suspiro se quedó parado mirando la estación que iba quedando atrás. Y sus dientes asomaron entre los labios entreabiertos por el esfuerzo que había hecho. Con el bolsito al hombro se quedó largo rato con la vista en lo que dejaba. ¿Qué dejaba?...Nada. Ni mamá, ni papá, ni hermanos. La nada. Bueno, sí. Un sucucho donde se acostaba por las noches, después de repartir melones con Don Santo que ni siquiera le daba una moneda. ¡Y cuánto deseó siempre tener una moneda! Aunque sólo fuera para mostrársela a los otros, a quienes sus patrones sí les daban. Don Santo decía que con la comida y el catre, estaba bien. Y los siete añitos del Juan se habían acomodado al caldo donde a veces bailaba algún fideo y con el melón bien chico, consabido. Comida al mediodía no; porque había que repartir, Así, sin una moneda, un bolso raído, un saco de lana peor y un melón, el Juan hizo un esbozo de sonrisa al pueblo, le mandó un chiflido por saludo y se dijo “ chau, no vengo más”.
El tema fue que el que manejaba el micro era para él como un piloto de avión, con un uniforme parecido a los de las películas que veía en la tele del Tropezón, cuando podía y cuando andaba el aparato. El hombre le preguntó por su boleto y el Juan puso cara de nada. No le entendía qué le pedía. -¿y el boleto? ¿no tenés boleto? ¿no tenés plata para pagar el pasaje?. – No.- ¿Y pensás viajar de arriba? ¿No te dio la plata tu papá?- No tengo papá. No tengo papá, don, ni mamá, sólo tengo a Don Santo. -¡Mirá vos! ¿Y Don santo te manda a viajar sin plata?
El Juan bajó la cabeza, acostumbrada a tragarse los retos y tras su flequillo de pirinchos el hombre tardó muy poco en ver los ojos con lágrimas.
¿Por qué llorás? En tanto la señora del primer asiento miraba como al descuido, no fuera cosa que tuviera que pagarle el boleto al negrito ése y los demás del micro leían o dormían (¿dormían?).
– Don Santo no me dio plata. Yo me escapé; total a él no le va a importar, cualquier otro le va a repartir los melones.
El piloto – hombre - Manuel, le dijo que se sentara en el asiento del acompañante. El Juan nunca soñó con estar sentado en un micro al lado del que manejaba. Miraba adelante y se mareó, entonces empezó a mirar por el costado y nubes verdes pasaban a su lado y estrellas arrastradas por el suelo se movían en todas direcciones. En una parada, el piloto, que resultó gran amigo de viaje, le compró un sándwich de jamón. El Juan nunca había comido jamón. Lo investigó, ¡sí que estaba bueno! El hombre le compró otro y una gaseosa, de ésas que el Juan veía en el mostrador del Tropezón, que otros tomaban y él le tenía tantas ganas. Durante el viaje, cansado por las luces del tráfico, dobló la cabeza y se quedó dormido y Manuel lo tapó con su campera. -No vaya a ser que el aire acondicionado lo resfríe al pibe, se dijo.
Amaneció y el Juan abrió los ojos y recién se animó a preguntar a dónde iban.- A Buenos Aires, nene, ya estamos llegando. El Juan sabía de Buenos Aires. Que era lejos y que muchos del pueblo se perdían. Algunos no volvían más... Pero él estaba con el piloto y no tenía miedo, porque el piloto lo había cuidado a la noche. Y a él nunca lo había cuidado nadie ¡y eso que soñaba cada cosa! ¡a veces tenía tanto miedo!
Llegaron a la casa de Manuel y fue toda una revolución. El primero en aparecer fue Moro, un perro negro grande que lo lamió todo y después una señora muy linda que le dio un beso, le preguntó su nombre y le dijo que ella se llamaba Patricia.
Detrás, dos nenas lo miraban con curiosidad y a duras penas se presentaron. Una se llamaba Lucila y la otra Sandra y le dieron otro beso cada una.
Así comenzó la verdadera vida del Juan. Lo de antes era nada más que otra de sus pesadillas. El Juan pasó a ser Juan Agustín (Agustín elegido por las nenas) y de apellido Riera. Porque la adopción fue legal, ya que a él nadie lo buscaba y Manuel en sus viajes no encontró a alguno que le diera ni un solo dato.
Como las nenas eran mellizas y parejas en edad con él, hicieron la primaria y la secundaria al tiempo, en el mismo colegio del Normal de Villa Crespo. En las noches y en cualquier momento estaban los tres juntos participándose de lo acontecido y contándose sus amoríos o amistades.
Llegada la hora de decidir qué hacer, Manuel y Patricia comenzaron a ayudarlos a decidirse, pero ellos parecían bastante claros. Lucila quería ser maestra y terminar en el mismo Normal. Sandra, modelo y Patricia la ayudaron a buscar dónde aprender esa profesión. Juan Agustín jugaba muy bien al fútbol y Manuel lo llevó a las inferiores de Boca Juniors y realmente llegó a interesar. En cuanto lo vieron jugar, integró el plantel y de ahí en más su carrera fue meteórica. Para los Riera no sólo fue un sueño, sino un triunfo. El muchacho se fue a Europa con un contrato fabuloso y se convirtió en la figura del Barcelona, un crack.
Mientras, aquí en Buenos Aires, quedaba el matrimonio Riera, orgulloso, las chicas hicieron un cambio de carácter que sus padres no pudieron entender. Lucila ejercía en la misma escuela donde se había recibido de maestra. Sandra, tan bonita como Lucila, era la preferida de los fotógrafos de la moda por su porte y sus rasgos de un exotismo inusual. Cada una en lo suyo.
Pero no volvieron a juntarse para hablar de sus cosas. Casi no se veían y cuando lo hacían no encontraban temas para hablar.
Hasta que surgió el viaje de Sandra a Europa y otra revolución hubo en lo de los Riera. En un ataque e intempestivamente la maestrita enfrentó a su hermana gritando y llorando: ¡claro, está todo bien hecho! ¿Por qué me ocultaste que lo amabas? Los padres no entendieron hasta que llegó la respuesta de Sandra: - Sí, voy a verlo. Lo quise siempre. Estoy segura que en cuanto llegue a Barcelona y nos encontremos, haremos los preparativos para casarnos en Buenos Aires como lo soñé siempre.
Por la mañana, la madre encontró el cuerpo de su hija con una herida de bala en el corazón y libros y cuadernos salpicados con sangre. En tanto el Juan, regresaba de Europa sin sospechar la tragedia, a pedir le permitieran casarse con Lucila, esa maestra incomparable, la mujer de su vida.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

JUDITH


Judith es tan blanda y tersa como el algodón, tan sutil y suave como la brisa de las tardes que la acaricia cuando se sienta en el banco de granito gris y da rienda suelta a sus pensamientos. Su actitud es como la de la estatua fina, yerta junto a la que se acomoda como en un ritual esttudiado.En una sola mirada no se las distingue. Marmóreas, idénticas en el silencio compartido, en la impúdica desnudez. Apenas sus cuerpos son velados por una tela escueta..
¿Qué espera Judith todas las tardes junto a Afrodita? ¿Aguarda que del cielo caigan gotas para rociar su esbelto cuerpo o tal vez la brisa travesee con su pelo? Pena por la otra con la que la brisa no puede jugar con sus cabellos y sólo le permita sentir su roce.
Judith espera algo más tangible, tan ruidoso como el de un coche y cuando Judith – Erato, que se corona con una guirnalda de hojas y una flor que recoge del jardín oye el rugido del motor y cuando él baje…él, su Hermes ingenioso, el muchacho dueño de sus sueños, ella correrá a sus brazos, él la levantará bien alto, pondrá sus dedos entre sus cabellos y ella sonreirá abrazándolo.
Erato espera a su Hermes y la helada Afrodita, expectante como salida recién del mar, bella y en su rostro todo el amor que ella representa.
La tardes de estío pasan, llega el otoño, detrás el invierno en el acostumbrado ritual. La historia se repite. Las dos están firmes. No se distingue cuál es una, cuál es otra.
La tarde es fría. Se oye el motor esperado y voces de hombres. – Bruno ¿es aquí?, me parece que te equivocás. – Te digo que muchas tardes paso y la veo. - ¿Tanto te gusta? – Sí, en mis noches sueño con ella, he llegado a amarla. -¡Qué raro sos! ¿Te agarró así de repente? – No tan de repente. Llevo un año observándola casi diariamente. Quiero tocarla, acariciarla y que al fin sea mía.
- Bueno Bruno, hoy es la tuya. Está oscureciendo. Si querés acerco el coche.
Bruno, alto, robusto, buen mozo, cruza la verja. Sus pasos apenas hacen ruido. Le fue fácil levantar sin ayuda a la bella Afrodita y entrarla en el camioncito.

jueves, 22 de noviembre de 2007

FLORENCIA


Te vi. Y me dije, con esta chica me caso yo. Era una frase de niño y éramos dos niños. Tendrías doce y yo trece. Fue a través de un alambrado. El que separaba tu casa de la de mis tíos. La blusa blanca que vestías apenas mostraba tu cuerpecito de ésos, tus doce años. Te seguí viendo por un tiempo y seguí alimentando la idea de que alguna vez fueras mía.
El tiempo, ese carretel de hilo que no para de desenrollarse siguió su camino, hilvanando historias. Historias dispares. No volví a verte. ¿Cuántos años pasaron? Veinte.
Veinte años en el camino de un muchacho de familia acomodada en un país que no era el mío. ¡Veníamos de tan lejos! ¡Mi Cuba lejana! La de mis abuelos, mis padres.
Colegio, profesores, salidas, diversiones, aprendiendo modismos argentinos y tratando de conservar los míos, con un toque brasileño, que también nos atraía. Eso que hace tan particulares a los brasileños.
Hasta que volví a verte. ¿Cómo te reconocí? Tenías el mismo color de pelo, de un castaño brillante. Los ojos penetrantes, engarzados en esa cara inolvidable. La boca, la boca tan amplia como los dientes perfectos, idénticos como el día aquel que me dijiste tu nombre. Florencia.
Florencia. ¡Cuántas veces traté de contar y recontar la cantidad de Florencias que conocía! Ninguna como la pequeña Florencia de los ojos agudos, tan agudos que quedaron prendidos cual garrapatas.
Te llamé por tu nombre en la esquina de Florida y Sarmiento. Justo en la esquina de la Franco – Inglesa.Una esquina inconfundible de Buenos Aires.
No dudé. Dije Florencia y te diste vuelta. Eras Florencia. Esa Florencia, ramillete de flores con el que había soñado tantas noches. Cimbreante entonces, voluptuosa ahora, con la cadencia propia de la mujer latina. Un halo te rodeaba para mi gozo y deleite y para los que accidentalmente, como yo, te veíamos en medio del gentío, destacándote como una estatua virginal. Te volviste y me reconociste de inmediato. Un ¡José María! salió de tus labios rojos. Te invité a un café cercano y allí sentados contra la vidriera, horas y horas hablamos de la infancia.
Yo hubiera deseado que me vieras un poco mejor de lo que era, menos flaco y menos esmirriado. Así y todo, yo compungido y acobardado por mi presencia física, logré que nos encontráramos muchas veces, recorriendo los cafés de Buenos Aires.
No pasó mucho tiempo para que nos fuéramos a vivir juntos. ¿Cómo explicar mi relación con vos, Florencia, mi amor? ¿Me habrás amado como yo? Eras para mí como la miel de las citas bíblicas, un producto sagrado.
Llevabas en la sangre la estirpe del tango devenida de tus padres, muy porteños e interpretabas en el piano, con una pulsación digna de cualquier hombre pianista (lo escuché decir a varios muy entendidos). Pero después de haberte acompañado a salas de baile de tango y que me enseñaras a “llevarte”, (expresión bien tanguera) un noche te llevé a un lugar donde compatriotas de mis padres hacían música al son de guitarras y tumbadoras. Guarachas, mambos y cha cha chas resonaban en los instrumentos y tú llevabas la música y la danza dentro de ti. Al primer cha cha cha, tus pies marcaron esa particular forma de rozar el suelo en esos tres tiempos seguidos y, Florencia, ya estabas en medio de la pista luciendo tu gracia, tu donaire. … Lo que yo llamaba dulce miel rociada con un toque de ron...Y como la música de nuestro país es la conjunción del ritmo español con el africano, tus caderas, sensualmente originaron un éxtasis total en la concurrencia. ¡Si parecías una cubanita recién llegada!
Nos instalamos en San Telmo. ¡Cómo separarnos! Tocabas el piano en una orquesta y yo pasaba la mayoría del día frente a mi vieja Remington tratando de escribir. La máquina corría velozmente al mismo ritmo de tu piano.
Y vuelvo a tus ojos penetrantes, tus ojos de terciopelo, mi Florencia cimbreante, junco mecido por una suave brisa. Florencia amorosa, amante delicada a la vez que voraz, buscando siempre ganar la partida… estoy recordando… nena, tu figura, tu cuerpo desnudo al trasluz, único en tu incomparable desnudez.
¿Para qué recordar? Si de pronto, en un instante, una mujer desconocida, con impiedad, con crueldad imprevista, cayó sobre mí como ráfaga helada, con mazazo traidor. Ahí, en la tibieza del cuarto de San Telmo, poblado de caricias y dulzuras, como un rayo fulmíneo dijiste un ” no va más, José María”. Y me quedé aplastado, anonadado, mirándote, Flor desconocida. Con las manos en la cintura, más linda que nunca, mas otra, terrible, hierática, de pronto como un huracán.
-¿Y yo? te dije en un susurro mortal. - ¿Y yo qué? - ¿Y mi amor? ¿Nuestro amor?... Tomaste un pequeño bolso y desapareciste de mi vida.
¿Dónde fuiste? ¿Dónde terminé? Caí en un hospital del que hace poco me rescató Manucho. Me llevó a su casa hasta que me fui reponiendo del dolor que casi termina con mi vida a no ser por él y los demás amigos que conocí en este país.
A toda costa ha querido sacarme de Buenos Aires y llevarme a las sierras de Córdoba a reponerme. Incluso me ha convencido de un trabajo en la redacción de un diario local y me resisto a irme de esta capital a la que me he acostumbrado, como si fuera porteño.
Internado en la sala del hospital trato de borrar de mi retina la última imagen tuya y ya fuera de él, no he hecho otra cosa que pensar en tí, y si se quiere, regodeándome con el dolor, codeándome con él, como con un amigo del que no se puede prescindir.
¿Fue realidad o una pesadilla? Debo haber soñado toda esta historia, esta historieta, que ni para escribirla sirve.
Pero siempre vuelvo a vos, Florencia, a vos. Sí. Viví por y para lo nuestro. Me resisto a ir a Córdoba. A alejarme de los lugares comunes que me hicieron tan feliz y tan desgraciado. Pero Manucho puede más que yo. Aprovecha mi desventaja. No tengo ganas de verlo porque sé que inmediatamente hablaré de lo mismo y cuando no sea con él, lo haré con otro y con otro también hablaré de vos.
¿Cómo hago? ¿Cuál será la forma de desaparecer de este infierno maldito en el que no veo más que lo que veo, Florencia? Tus ojos, tus manos y escucho tu voz seca al despedirte cuando lo nuestro habían sido rosas y mieles, tangos y boleros. Y bueno iré a Córdoba, trabajaré en el periódico, iré a comer con Manucho.
Intentará presentarme a alguna mujer y volveré todas las noches a soñar contigo, como casi todas las noches de esta alargada vida.
Y voy a Córdoba. Y en Córdoba da un vuelco mi existencia.
A mi llegada, mi amiguito Manucho lo primero que hace es invitarme a cenar con una chica, lindita ella, bajita, menuda, que se me cuelga al cuello diciéndome ¿así que vos sos el gran José María? Manucho no para de hablar de vos. La miro. La mido. ¿Sabrá toda mi historia? Ni se la pienso contar, pues que no se lo crea.
Con el cansancio que traigo, cansancio viejo, de la duración de tanta amargura, y Manucho que comienza con el tema del lugar para ir a comer. Ni me da a tiempo a resistirme y ya estamos cenando y él comiendo a dos bocas y la lindita tampoco para. Ella, insistente, me pregunta en un aparte qué opino de Manucho, porque está muerta con él. Y Manucho que ni la mira, absorto en sus vermicelli al vóngole.
Cuando ya se termina la cena y mi amigo se comió todo, porque siguió con pollo a la portuguesa, luego un gigante sambayón y después un heladito “para bajar el exceso”, retomó la segunda parte del arreglo de mi vida. Ya tenés dónde alojarte. Alberto quiere que compartas su departamento. Conocés a mi hermano, es un tipo fenomenal.
Ni hablo, ni lo intento, Manucho es el arreglador oficial. Manucho compone todo. ¿? No me queda más que pensar que el fenomenal es Manucho. ¿Habrá otro amigo como él?
Han pasado meses. Trabajo a todo vapor en el periódico. Mis compañeros son geniales. Los días se me hacen fáciles, porque el trabajo es mucho.
Pero las noches, ah, en las noches no descansan mis elucubraciones.
Nena, Manucho, el gordito cómelotodo, es el artífice de mi felicidad. Obvió la realidad para que yo pudiera salir del pozo. Te trajo a mí y soy el hombre más feliz del mundo.
Desde la ventana del 2º piso de la Editorial, te veo jugar con la bebita y eso es lo más maravilloso de mi vida que alguna vez fue un infierno y hoy es un paraíso. Lo demás está en mi unidad sellada, allí donde reservo mis recuerdos, pero en el olvido total.
Esta noche cenaremos como siempre en el restorán. Seguro que estarás linda como siempre, aún con el pañuelo en tu cabeza, que cubre las secuelas por lo que te alejaste de mí para no hacerme sufrir.
Sólo lamento no haberte acompañado en ésa, porque pase lo que pasare, estaré contigo hasta el fin, Florencia mía.

jueves, 8 de noviembre de 2007




Buenos Aires, no sé siquiera el día. Digamos uno cualquiera.

Soñé que el fuego se helaba
soñé que la nieve ardía
y por soñar imposibles
soñé que tú me querías....

Querido mío
¡Cuántos años hacen que esta estrofa está ahí dentro de mí! Recuerdo que mi padre la contaba, como “Le corbeau”, con esa gracia natural y una entonación particular y hoy viene en el instante en que pienso en nuestro amor. Yo te amo. Yo te amo. ¿Me amas tú? ¿En tu pecho sientes el mismo latido mío? ¿Acaso tus manos sudan como las mías cuando voy a tu encuentro? ¿El vahído que me acomete en el momento en que me miras te invade igual que a mí?
Sólo espero tu llegada, siempre puntual, antes de la hora prefijada. Me regodeo al presentir tus pasos presurosos y esa sonrisa amplia que descubre tus dientes blancos, perfectos.
Y me pregunto, ¿podremos alguna vez llegar a poner nuestras cabezas en la misma almohada y preguntarnos en la mañana? ¿cómo hemos despertado?
No has contestado mi última carta y la espera me hace sentir inmoralmente impaciente.
Te digo, mi alma, que mientras el aire envuelva mi doliente cuerpo y el temor se ensañe hasta la sima, seguiré buscando en lo profundo, ahí, donde pretendo cobijarme, entre tus brazos, para desentrañar el misterio, los misterios, el interrogante de mi vida misma. Tengo las alas quebradas en el esfuerzo delirado por volar hacia vos. El miedo me alucina. Anhelo en silencio que apacigüe la tormenta, las hojas se dispersen, se sosiegue el viento y en un letargo, la turbación dé paso al descanso de mi mente. Harta estoy de vibrar en esta espera. Miro a través del cristal de la ventana y me digo si en el titilar de las estrellas amagadas en el cielo oscurecido, ya culminan las formas fantasmales de tu ausencia y los dioses interceden y convierten en luz las sombras de mis sueños...y tal vez reviertan el sino y pueda bailar esa danza ensoñada, voluptuosa. ¿Llegará la pretendida felicidad que ansío?Se hará verdad esta danza que imagino afrodisíaca?
Dejo de escribirte y salgo a las calles a buscar en un signo, tu amor correspondido. Quizás vengas a mi encuentro, no percibo dónde estás.
Mil pájaros le cantan a la felicidad, otras mil flores la perfuman. Pero yo sin ti miro a mi alrededor y oteo el infinito y diviso que ella está dentro de mí. ¿En mí y sin ti? Sabes que te espero. Ambiciono hallar la convergencia, el punto exacto del fugaz momento en que se fundan el amor y mi atormentado intento. Gritar por las calles que te amo y tú lo mismo. Definir que ése es el amor y acceder al subrepticio, diminuto éxtasis en que se encuentren nuestras miradas.
Elucubro que de tu mano vendrá la fuerza de vivir en este mundo lleno de esperanzas muertas y...revivir. Quiero saber por qué sufro, por qué lloro aún teniendo vida todavía.

Ya lo sé, no me respondas. Jamás te he visto ni conocido.



Buenos Aires, no sé siquiera el día. Digamos uno cualquiera.

Soñé que el fuego se helaba

soñé que la nieve ardía

y por soñar imposibles

soñé que tú me querías....

Querido mío

¡Cuántos años hacen que esta estrofa está ahí dentro de mí! Recuerdo que mi padre la contaba, como “Le corbeau”, con esa gracia natural y una entonación particular y hoy viene en el instante en que pienso en nuestro amor. Yo te amo. Yo te amo. ¿Me amas tú? ¿En tu pecho sientes el mismo latido mío? ¿Acaso tus manos sudan como las mías cuando voy a tu encuentro? ¿El vahído que me acomete en el momento en que me miras te invade igual que a mí?
Sólo espero tu llegada, siempre puntual, antes de la hora prefijada. Me regodeo al presentir tus pasos presurosos y esa sonrisa amplia que descubre tus dientes blancos, perfectos. Y me pregunto, ¿podremos alguna vez llegar a poner nuestras cabezas en la misma almohada y preguntarnos en la mañana? ¿cómo hemos despertado?
No has contestado mi última carta y la espera me hace sentir inmoralmente impaciente.
Te digo, mi alma, que mientras el aire envuelva mi doliente cuerpo y el temor se ensañe hasta la sima, seguiré buscando en lo profundo, ahí, donde pretendo cobijarme, entre tus brazos, para desentrañar el misterio, los misterios, el interrogante de mi vida misma. Tengo las alas quebradas en el esfuerzo delirado por volar hacia vos. El miedo me alucina. Anhelo en silencio que apacigüe la tormenta, las hojas se dispersen, se sosiegue el viento y en un letargo, la turbación dé paso al descanso de mi mente. Harta estoy de vibrar en esta espera. Miro a través del cristal de la ventana y me digo si en el titilar de las estrellas amagadas en el cielo oscurecido, ya culminan las formas fantasmales de tu ausencia y los dioses interceden y convierten en luz las sombras de mis sueños...y tal vez reviertan el sino y pueda bailar esa danza ensoñada, voluptuosa. ¿Llegará la pretendida felicidad que ansío?
Se hará verdad esta danza que imagino afrodisíaca?
Dejo de escribirte y salgo a las calles a buscar en un signo, tu amor correspondido. Quizás vengas a mi encuentro, no percibo dónde estás.
Mil pájaros le cantan a la felicidad, otras mil flores la perfuman. Pero yo sin ti miro a mi alrededor y oteo el infinito y diviso que ella está dentro de mí. ¿En mí y sin ti? Sabes que te espero. Ambiciono hallar la convergencia, el punto exacto del fugaz momento en que se fundan el amor y mi atormentado intento. Gritar por las calles que te amo y tú lo mismo. Definir que ése es el amor y acceder al subrepticio, diminuto éxtasis en que se encuentren nuestras miradas.
Elucubro que de tu mano vendrá la fuerza de vivir en este mundo lleno de esperanzas muertas y...revivir. Quiero saber por qué sufro, por qué lloro aún teniendo vida todavía.

Ya lo sé, no me respondas. Jamás te he visto ni conocido.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

QUIERE...

Cuando salió de la oficina, después del llamado de Marcos, no le alcanzaban sus
piernas para llegar a su casa y discar el número para terminar la conversación.
¡Tan hermosas sus palabras! ¡Tan firme su planteo! ¡Tan esperado!
Subió al ascensor y corrió hacia el teléfono… Ocupado una y otra y otra vez.
Se descalzó, mudó su ropa por algo más cómodo. Se miró al espejo. Se volvió a
mirar y dijo, quiero.
Quiero ser una princesa de los cuentos de hadas de mi infancia. Descubrió que
al ser humana, albergaba defectos, por tal, no lo sería.
Quiero, espejo, sonreír hoy. No salió la más mínima sonrisa de su boca.
Quiero abrir mis manos y retener el mar de nuestro amor y presiento algo.
Quiero extender mis brazos para detener el viento, no me roza.
Quiero gozar de la luz maravillosa que muchas veces nos ilumina y estoy a oscuras.
Quiero poseer, tener, paralizar una mariposa que se ha colado en mi ventana,
revolotea y escapa huidiza.
Quiero deleitarme con la flor abierta al cielo que se filtra entre mis ojos y no la veo.
Quiero. Quiero.
El timbre del teléfono suena estridente. Corre, atiende. Su cuerpo se desliza hacia
el piso que la recoge blandamente.
Marcos ha muerto.

Para quién si no





MÁS TARDE

Dime que quieres llegar y llegaremos.
El final: como luz en la distancia,
sí, está lejos, mas no importa,
Si vamos juntos, tomados de las manos,
enlazadas, encintadas y ajustadas,
daremos lucha a todo lo que aparezca o nos enfrente.
Yo no seré Penélope esperando,
yo seré la mujer de Espartaco.
Blandirás tu amor como espada desafiante
y ganarás, y con mi esfuerzo agrandado,
lograremos el triunfo que soñamos.
Dos luchadores de la vida somos,
dos bravos triunfadores de una insólita carrera de sortijas.
Vos serás la cadena de mi cuello,
yo en cambio, me convertiré en tu camafeo.
Cuando el atardecer sea muy breve,
las noches largas, el tiempo añejo,
recorreremos fotografías nuestras,
reiremos complacidos, cantaremos
el ruido del correr del agua
en las gargantas
y los ojos achicados por el sueño.

SOLA
Sola.
en la soledad de la nulidad absoluta,
del alarido sin respuesta,
del grito, del ahogo en el corazón roto.
Sola.
Desgarrado gemido.
Sola.
Del amor terminado.
Sola en el camino del regreso
cuando pesan las horas y los días,
cuando una sonrisa asemeja
a un circo en función no deseada.
Sola.
Cuando el llanto es un río desbordado
y los sauces tienen sus ramas mojadas.
Sola de todo, menos de vos.
Unos segundos tuyos
tapan el rumor interno
que acorrala, destroza, enloquece.
Rumor maldito que a mi cabeza hiere
sin pudor, sin pausa, sin piedad
y sin remedio.
Enemigo que necesito acallar
de la forma que convenga
y darle un punto final.


¿?

¿Me miras?
Otrora lo hacías.
¿ Tu amor se ha consumido ?
El mío sigue intacto.


EL SOL NO SALIÓ

Sabor de primavera llena de olores,
calor que baja con ardor,
alumbra y abrasa.
Sabor de tiempo de balances,
facturas que fluctúan en la orbe diametral.
Amor diluido, amor difuso,
amor desatado, con nostalgia.
Gusto del fruto prohibido,
miedo a perder lo construido
en un único minuto
y querer que dure un tiempo eterno

y no.

viernes, 26 de octubre de 2007

EL GORDO

En el trayecto, el tren, con su ruido acompasado, rompe el silencio que yo necesito tanto para poder penetrar en el recóndito lugar de mi furia y mi desvelo. Juego con las monedas del bolsillo de mi único saco,” el último de los mohicanos” e inmediatamente salgo de la locura y pienso si Juanfra me esperará en Retiro y cómo estará. Me lo prometió en la carta en que acordamos día y hora. Domingo 8, ¿no?. A las siete. Siete y media llega el tren. Qué poco falta.¿Me reconocerá Juanfra. Yo sí. Cómo no voy a acordarme del “gordo Juanfra” , el “gordo”, así se le ubicaba, como si fuera el único gordo en todo Goya.
Empezó a bajar el bolso del estante, se sacudió las miguitas del sandwiche que le habían quedado encima de la ropa y volvió a acomodarse
Falta media hora. Ya me fui...por fin salí...ya no aguantaba más. Me llevo lo que vi y sentí alrededor mío; lástima por todas partes. Cómo explicar mi relación con Delfina. Mi amor por Delfina.¿ Me habría amado? Delfina. Con sus ojos de terciopelo, Delfina cimbreante, junco mecido por el viento, Delfina amorosa, amante voraz buscando ganar siempre la partida...para qué recordar.... Delfina, su figura, su cuerpo desnudo al trasluz, única en incomparable desnudez.
Lo de Delfina, mi “delfín”, (¿alguna vez fue mi delfín?), su impiedad, su crueldad impronta, cayó sobre mí como ráfaga helada, como mazazo traidor. Ahí, en la tibieza del cuarto poblado de caricias y dulzuras : no va más, Ernie, no va más. Y me quedé parado, mirándola, desconociéndola, con sus manos de hada convertidas en garras, en la cintura, más linda que nunca, terrible, otra, fuerte como un huracán.- ¿Y yo?, le dije espantado, ¿y yo qué? - Y bueno, Ernie, te vas y chau. - ¿Te vas y chau? ¿ chau a mí?. Chau. ¿y mi amor? ¿Nuestro amor. Chau ?...del que sólo viví, por y para ella, corriendo tras ella, trabajando dos turnos para poder pagar las clases de teatro y canto porque quería ser estrella?Chau, te vas, a mí. Mejor no pienso más. Basta. Ojalá el gordo esté en Retiro.
Ya no tengo ganas de ver al gordo en Retiro, porque sé que inmediatamente voy a hablar de ella y cuando deje al gordo y esté con algún otro, también voy a hablar de ella. ¿Cómo hago?
¿Cuál es la forma de desaparecer de este maldito infierno en el que no veo más que a Delfina, sus ojos, sus manos y escucho su voz seca, fuerte, determinando...chau te vas ?
Voy a su encuentro igual. Y el encuentro con el gordo me cambia la vida. No me dio tiempo a nada. No estaba solo, venía con una chica joven, lindita, baja, menuda, que se colgó de mi cuello diciéndome ¿así que vos sos el gran Ernie? El gordo me tiene harta con vos. La miré, la medí y pensé si sabría toda mi historia. Otra que se va a compadecer de mí. No le voy a dar lugar.
Así, con el cansancio y la cara que traía, Juanfra empezó... ¿tenés hambre? Tampoco me dio tiempo a contestarle y ya estábamos sentados en un restorán de Corrientes, en el Bajo. No dejó de hablar.

Sé que estudiaba abogacía cuando se fue de Goya, mientras yo empezaba arquitectura en Corrientes.
Me recibí, ya lo sabés. Tengo un estudio acá cerca, en Lavalle y Uruguay. Esta piba, está conmigo en el estudio, es una luz. Se notaba la ligereza de Leli.
Comimos. El gordo se comió todo, mientras la chica y yo lo mirábamos comer y hablar. Al salir del restorán me tiró un : pará, Ernie, ya tengo todo arreglado. Alberto quiere que compartas el departamento con él, está a dos cuadras de acá y aparte te quiere con él pa
ra trabajar.
Este gordo, me dije, es el monumento a la solidaridad..
Alberto es buen tipo. No es gordo como “el gordo “, pero sí fenomenal tal cual él. Estoy trabajando en su compañía, con él. Hago bocetos y proyectos con Nelson, el socio y parece que le gusta mi forma de trabajar. Lucía, la secretaria, como todas las secretarias, nos saca las papas del fuego y como Alberto está poco, la sociedad funciona con nosotros tres.
Del “gordo” sé poco, nos ponemos al tanto por teléfono en lo que va de este año y medio que arranqué en Buenos Aires. De cualquier forma, los días se me hacen fáciles, con tanto trabajo, pero las noches, ah, las noches no descansan con mis elucubraciones.
El “gordo”, nena, es el artífice de mi felicidad. Se convirtió, desde su aparente lejanía, en mi “pater noster “. Te trajo a mí y soy el hombre más feliz del mundo.
Desde la ventana de Sarmiento y Carlos Pellegrini, te veo jugar con la nena y eso es lo más maravilloso de ésta, mi vida, que alguna vez fue un infierno y hoy es un paraíso. Lo demás, está todo en la unidad sellada de mis recuerdos, en el olvido total.
Esta noche cenaremos, como casi siempre en el restorán. Aquél en que cené por primera vez con el “gordo”, “gordo divino, hacedor de milagros. Seguro que estarás tan linda como siempre.
Ya te dije una vez, Delfina, que el gordo me había cambiado la vida.